La Flor de Villa Crespo
Llamanos para reservar turno o escribinos para acercarnos tus comentarios. Nos encantaría que lo hicieras.
Abrimos de lunes a sábado de 9am a 5am y los domingos de 6pm a 5am.
El Sanber

La Flor de Villa Crespo

En poco tiempo se volvió tan popular que en ocasiones los tranvías debían desviar su recorrido para evitar el cúmulo de gente que se agrupaba en la puerta de los cafés donde ella tocaba.

Francisca Cruz Bernardo, “Paquita” para todos, nació en el año 1900 en una casa humilde de la calle Gorriti, casi Canning, en un barrio conocido por aquellos tiempos como Villa Malcolm. Hija de inmigrantes españoles, tuvo que trabajar desde niña en la fábrica de medias Smut que estaba en la calle Vera, entre Acevedo y Malabia, pleno barrio de Villa Crespo… a cuadras del Café San Bernardo.

Cuenta la leyenda que desde muy pequeña Paquita se sintió atraída por la música; y que fue allá por el año 1915 cuando, siendo aún una adolescente, comenzó sus estudios en un conservatorio junto a Catalina Torres. Quiso el destino que en ese lugar Paquita conociera a un tal José Servidio, autor, entre otros tangos, de “El bulín de la calle Ayacucho”. Su influencia fue determinante para que Paquita dejara el piano y se volcara de una vez y para siempre a ese otro instrumento que la haría célebre en poco tiempo: el bandoneón.

La negación de su padre fue rotunda; por un lado, en aquella época el tango no tenía la mejor de las reputaciones y, por otro, el bandoneón era considerado un instrumento de hombres. Pero Paquita no iba a dejarse convencer tan fácilmente y a don José no le quedó otra que aceptar y apoyar su decisión aunque no sin condiciones: Paquita debía acudir a sus presentaciones acompañada de sus hermanos y volver a casa antes de la 1am. La historia no dice nada sobre si estas cláusulas se cumplieron. Sí dice que paquita nunca aceptó usar pantalón largo.

Comienza entonces a tocar en los salones y cafés del barrio, y es ahí donde nace su segundo apodo: La Flor de Villa Crespo. Al poco tiempo formó el Sexteto Paquita, que se presentaría en varios cafés del barrio, entre ellos el Café San Bernardo, y en donde debutaría al piano un joven de 14 años que luego sería algo más que famoso: Osvaldo Pugliese.

En poco tiempo se volvió tan popular que en ocasiones los tranvías debían desviar su recorrido para evitar el cúmulo de gente que se agrupaba en la puerta de los cafés donde ella tocaba.

Su carrera creció rápidamente y enseguida fue contratada para actuar en teatros de la calle Corrientes, participó de Certámenes de Tango y hasta llevó sus presentaciones a la vecina ciudad de Montevideo.

Cuenta la historia que esa agitada vida noctámbula hizo que la Flor de Villa Crespo se fuera marchitando y con poco más de 20 años su salud se deterioró rápidamente: un mediodía de 1924 una bronconeumonía fulminante (otros dicen que fue la tuberculosis) se la llevó de este mundo.

Sus restos descansan en el cementerio de la Chacarita, su recuerdo y su música en Villa Crespo, el barrio que la vio nacer y crecer musicalmente; un barrio en cuyas calles y cafés resonará para siempre su bandoneón.